LOS PSICOANÁLISIS Y LAS TÉCNICAS DEL SIGLO XXI

Algo de la poesía pudo deslizarse de Shakespeare a Freud en el artículo Psicoanálisis y telepatía. Allí, en 1941, Freud concluye diciendo que lo inconsciente es «todo aquello que existe entre el cielo y la tierra»1- y que el hombre aún no ha hecho consciente; y que, además, el conocimiento académico no se atreve siquiera a soñar con ello. 1 Paráfrasis de W. Shakespeare hecha por Freud. En Hamlet, el protagonista dice: "Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, que las que sueña tu filosofía"

Freud planteó el «ombligo del sueño» (Traumnabel), el punto exacto donde la interpretación de un sueño se detiene porque llega a lo «desconocido». Para Lacan y sus seguidores, es el punto de contacto con lo real como algo imposible de reconocer o nombrar.

Dice Luis Hornstein en Las encrucijadas actuales del psicoanálisis que: «El psicoanálisis fue la particular orquestación de Freud de los saberes de su época». Y añade que el psicoanálisis actual es, o bien la «parodia de lo freudiano» (un núcleo de ideas rígidas que disimulan su estereotipia con juegos de palabras, manierismos y neologismos), o bien algo que «se articula con los saberes de hoy, la ciencia actual y no la del siglo pasado».

La física cuántica es un saber que podríamos considerar «de hoy», contemporáneo; sin embargo, para muchas mentalidades y espíritus dogmáticos, puede parecer ciencia fi cción o algo proveniente de un futuro lejano e irrelevante. No obstante, el mismísimo psicoanálisis freudiano creció a la par de la física cuántica y es notable la correspondencia mutua, comúnmente desapercibida.

En el terreno de la física cuántica, los fenómenos no siguen la explicación causal de la física clásica ni el tiempo lineal (esto es «lo real»). Jung, junto a Pauli —el discípulo de Einstein—, llamaron a este fenómeno acausalidad. Freud ya le había dejado entrever a Einstein que los procesos psíquicos se expresan más allá del cuerpo, como energía: en «ambivalencias duales», polaridades del amor y el odio, y hasta de manera colectiva, «sumando voluntades» tanto en la amalgama cultural como en la guerra. Esto ocurre porque obedecen a una lógica no lineal y a reglas de atracción y repulsión «cuánticas electromagnéticas» (infección psíquica o contagio del internado). 

La acausalidad es descrita por la física cuántica como el principio de no localidad: todos los fenómenos están determinados por otros sucesos entrelazados, por variables ocultas o «no locales» pertenecientes a la relatividad del espacio-tiempo (hechos del pasado o del futuro). Jung y Pauli arribaron a la conclusión de que los fenómenos internos de la psique y el orden externo del inconsciente colectivo están regidos por leyes acausales; por una causalidad energética expresada en sincronicidades (atemporales en términos lineales), determinadas en el fondo por variables ocultas, por el principio de la «no localidad».

Por otro lado, basados en el «determinismo cuántico», existen ciertos cantos de sirena que intentan arrastrar el «acto psicoanalítico» a un mero «pase mágico» en el «lodo negro del ocultismo» 2. De manera antagónica, los espíritus dogmáticos pretenden evacuar del cuerpo teórico del psicoanálisis toda postulación o formulación que no guarde consonancia conceptual con el racionalismo de corte mecanicista (es decir, con todo lo que se aleje de la física clásica). 2 Metáfora utilizada por Sigmund Freud en diálogo con Carl Jung, citada en la autobiografía de Jung de 1961; quiere manifestar la falta de seriedad y el trato mágico (animista pre-racional) sobre los fenómenos complejos y la confusión a la que se arriba, por el manoseo que se le da a éstas temáticas, en el terreno esotérico falto de formación y carente de principios éticos.

Freud tuvo que enfrentarse al positivismo biologicista-mecanicista, obstinación materialista que hoy se presenta como racionalismo estructural-mecanicista; una posición dogmática que, en las ciencias humanas, intenta reducir las manifestaciones del alma al aparato del lenguaje. No se trata de excluir a Lacan o de alejar a «un psicoanálisis» determinado, sino de considerarlo como «un psicoanalista» entre otros tantos. Quizás sea necesario verlo en su intención real: un academicista que acciona para dar estatuto científi co al psicoanálisis y que cuestiona a Sigmund Freud porque, según él, como padre de la teoría, Freud no fue del todo racionalista. Lo considera incauto, “dupe de lo real”, por extenderse teóricamente más allá de lo meramente perceptible con los sentidos clásicos y «delirar» al plantear como quintaesencia la  «transmisión telepática de pensamientos y sentimientos». Por purismo metodológico, el reduccionismo lacaniano amputa el espíritu freudiano al reducir «lo inconsciente» a «el inconsciente estructurado como un lenguaje».

Las manifestaciones de la energía psíquica (libido) se extendieron más allá del cuerpo en la teoría freudiana, tanto proyectada como introyectada. No solo “aparece” como los seudópodos de una ameba en la analogía de 1914 (formulada para los mecanicistas), sino más allá, en Lo siniestro, donde Freud desarrolla la idea de la herencia transgeneracional transmitida por telepatía, y luego en Psicoanálisis y telepatía y Psicoanálisis y ocultismo, entre otros textos de difícil y esquivado acceso.

Desde Freud, la libido es concebida como la ambivalencia amor-odio y como pulsiones de vida y de muerte, pero ya no reducidas a lo biológico, sino como un fenómeno cuántico y electromagnético que se extiende mediante la transmisión de pensamientos más allá del cuerpo. Esta energía «infecta» los vínculos pares y las identifi caciones de la masa en torno a un líder, o se contagia por mecanismos básicos como el miedo, la ira, la fascinación, la idealización y la histerización (transmitidos por pulsos electromagnéticos de base). Freud también plantea que entre generaciones se transmite información a ciertos individuos «dobles» que repiten rasgos o destinos de un ancestro; sujetos que sufren una «sustitución del yo» (total o parcial), no por identifi cación, sino por ese mecanismo «vecino» de la telepatía: real y atemporal.

Hasta allí llega Freud en el texto de Lo siniestro (1919). Si hubiera contado con el concepto junguiano de «inconsciente colectivo» —al que accede veinte años después—, podría haber desarrollado la idea de que existe un mecanismo de transmisión de información automático (telepático o electromagnético) para legar o distribuir las cargas libidinales de las polaridades antagónicas que emergen de la experiencia afectivo-emocional dentro del sistema familiar o el alma del grupo. En la actualidad, este concepto se explica mejor como campo morfogenético o inconsciente familiar. Por otra parte, el fenómeno del doble o de la sustitución del yo ya había sido trabajado en escritos

prepsicoanalíticos freudianos como la «doble conciencia». En la década del 70, Torok y Abraham desarrollaron el concepto de «yaciente», que solo es válido para el concepto de «doble» en los casos de identifi cación con un muerto, pero niegan en su metapsicología el electromagnetismo de las interacciones cuánticas, reduciendo la libido —que emerge de un proceso traumático como pulsión de muerte— a la «química del duelo».

Jacques Derrida aborda el interés de Freud por la telepatía no como una creencia oculta, sino como una estructura de «escritura» y transferencia de pensamiento similar al funcionamiento del inconsciente y el correo. Freud consideraba que la transferencia de pensamientos opera de inconsciente a inconsciente, concepto que Derrida profundiza al conectar el fenómeno con la inestabilidad de los mensajes en el aparato psíquico. La telepatía se convierte en una metáfora del retorno de lo reprimido. Para Derrida, la telepatía «retorna desde lo real»; lo que se consideraba místico o imposible (la comunicación directa sin mediación de los sentidos) retorna desde el campo cuántico como un fenómeno que impacta tanto en la estructura del lenguaje como en la relación transferencial.

Hoy en día, ya se ha comprobado que la información viaja entre los cerebros, y más allá del tiempo y el espacio (no localidad cuántica). En el ámbito científi co y académico, no se habla de telepatía, sino de transmisión de impulsos transcerebrales. Sin embargo, entre el academicismo biologicista y el lodo negro del ocultismo, los saberes emergentes deben defenderse tanto del animismo mágico como del academicismo descalifi cante. Las neuronas espejo, los campos morfogenéticos, las constelaciones familiares, la biodescodifi cación, la medicina cuántica, la neurociencia cuántica y otras psicologías y psicoterapias emergentes intentan trabajar sobre el intersticio que se abre entre lo genético y lo epigenético; operar y dilucidar, de manera compleja, cómo el ambiente modifi ca lo biológico, no solo desde los cinco sentidos, sino como producto de la energía electromagnética, no local, que interactúa desde "realidades fantasmagóricas a distancia"3. 3 Paráfrasis de Albert Einstein

Las TÉCNICAS DEL SIGLO XXI, manoseadas en el lodo negro del ocultismo, tratan de integrar las distintas "polaridades antagónicas que se expresan de manera compleja en los pares opositivos de los arquetipos del inconsciente colectivo". La sabiduría académica solo ve el lodo negro, niega el concepto de cielo porque podría ser animista, concibe la vida y la tierra de manera mecanicista, negando la danza electromagnética con la que interactúa la libido en "las cuerdas del campo cuántico" (SFT, QFT).

El psicoanálisis está siendo transformado; muchos se resisten recitando tautológicamente a Lacan; algunos han ampliado su visión recorriendo otros psicoanálisis; unos pocos, además, se han dejado permear por las técnicas emergentes del siglo XXI: estos últimos son los imprescindibles 4. 4 Paráfrasis de Bertolt Brecht.

Sobre las resistencias al tratamiento.

                                                                                                
     Al psicólogo le toca la difícil tarea de decir lo que no se desea escuchar.  Por eso Carl Jung sostenía: "conozca todas las teorías, domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana"

La angustia (presión en el pecho), y distintos malestares psicofisiológicos, son una forma de manifestar con el cuerpo lo que no se pudo poner en palabras. Françoise Dolto, afirmaba que: "lo que una generación silencia, la siguiente la expresa en el cuerpo".

La falta de elaboración psicológica sobre lo que ha sido traumático, se manifiesta primariamente como una contradicción emocional, ya que a nivel consciente, no se quiere saber nada del conflicto que permanece activo en lo inconsciente. La "incoherencia" emocional, sostenida en el tiempo, se expresará en el cuerpo como enfermedad somática. Por ello es que se debe hacer consciente lo inconsciente en el marco de la psicoterapia.

Una mirada integral sobre la cura en el nuevo paradigma.




   La utopía de Freud - Psicoanálisis y Física cuántica.
    Las rupturas paradigmáticas creadas por el Psicoanálisis y la Física Cuántica, nos otorgaron la intelección de una nueva cosmovisión: el “Paradigma Cuántico-relativista”. El libro La utopía de Freud contiene vías de análisis longitudinales y otras introductorias, para comprender la nueva cartografía de la psique, nacida en la grieta, en el espacio liminal de la discontinuidad paradigmática.
    De manera longitudinal se puede leer al Freud prohibido, sus escritos no trabajados académicamente. Además, explicamos el origen sintomático de su cáncer de boca y mandíbula; lo no dicho, el mentor de la cura por la palabra se quedó mudo, y a raíz de esa dificultad, tuvo que escribir las “impronunciadas” Segundas conferencias de introducción al psicoanálisis; allí se destaca Psicoanálisis y Ocultismo. Otros escritos “heréticos” son: Lo Siniestro, Psicoanálisis y Telepatía, además, Moisés y la Religión Monoteísta. La siguiente línea longitudinal es la relación de Sigmund Freud con Albert Einstein y con Carl Jung, su “delfín”. Subrayamos, sobre todo, las implicancias de los conceptos de la física cuántica, que fueron alumbrados en vínculo de Jung con Wolfgang Pauli, discípulo de Einstein. Otra vía de lectura es una introducción a la, muchas veces malinterpretada obra de Jung, pero preservando el espíritu freudiano. La carretera central o nudo articulador, relaciona saberes “no oficializados”, contrastados ampliamente y que, articulados con el psicoanálisis, arrojan una nueva cartografía de la psique, del continente desconocido al que se adentró Freud, de “Lo” Inconsciente Individual, del Inconsciente Arcaico y el Inconsciente Colectivo. Los avances del psicoanálisis, implicaron la inclusión del concepto de “lo transgeneracional”, en la comprensión hereditaria de síntomas, fobias y psicosomáticas -lo que Freud supo denominar como “el doble”, que sustituye al yo, en la transmisión de la información de una generación a la siguiente- y han abierto un área de investigación polémica e inconmensurable dentro del campo psi, sobre todo en epigenética conductual. El principio de Entrelazamiento Cuántico de las partículas subatómicas, es aplicable a la transmisión de pensamientos y sentimientos más allá del tiempo y el espacio, y es la clave para comprender distintos fenómenos psíquicos, familiares y sociales; sostuvo Einstein: “una acción fantasmagórica a distancia”. Los descubrimientos sobre “lo transgeneracional”, hechos en el campo psicoanalítico, fueron tergiversados y enturbiados por ciertos gurúes de las constelaciones familiares y de la “biodescodificación”; e inexplorados y relegados en el propio terreno analítico, debido a ciertas rémoras academicistas, positivistas, como otrora sucedió con la comprensión e integración de la hipnosis y la sexualidad infantil.  El contexto actual no es el de Freud, la crisis sociocultural y política ha degradado los valores genuinos de la vida. La psicología del yo, puesta al servicio de las políticas populistas, fomentó regresiones hacia arcaísmos hedonistas de horda, dificultando lo que ya era minoritario: el arribo a la genitalidad, al amor maduro y a la sublimación. 

El espíritu del libro pretende una reactualización del psicoanálisis. Para ello, toma conceptos de los discípulos de Freud y otros posteriores. La nueva síntesis integra desarrollos de la psicología evolutiva y de otras corrientes contemporáneas, en una articulación de la práctica psi, que supone una heterarquía disciplinaria en donde cada saber se subordina a la jerarquía integradora, trascendiendo las demarcaciones y delimitaciones clásicas, racionalistas-mecanicistas. Nuestra unificación de criterios exige subordinarse a la ética de mejorar el todo y no solamente una parte. 

A la luz de la nueva cosmovisión, la curación, requiere la primacía jerárquica del principio de realidad, para regular debidamente al principio del placer, tal como comprendió Freud. El salto cuántico o cualitativo en la psique, la “utopía”, es la maduración de la consciencia humana, proceso que requiere la superación del ego-narcisismo, a fin de alcanzar la Moral Postconvencional, la “Consciencia Global”: una mentalidad compasiva, cooperativa y ecológica. Para que la humanidad logre este nivel evolutivo, se hace necesaria la madurez genital y psicofisiológica, en un grado tal, que posibilite la capacidad de sublimación en las masas. 

Freud alertó sobre la profunda necesidad de que nuestros líderes fueran personas de visión superior, es decir: “que la política incluya al psicoanálisis”; en su encuentro con Einstein, se expusieron los impulsos que nos llevan a la guerra. Hoy, bajo la inercia de las mismas tendencias, estamos desencadenando una catástrofe climática. La tercera década del milenio se inicia con una crisis medioambiental y humanitaria sin precedentes.  La Tierra, para salvarse y seguir siendo habitable, necesita personas que puedan amar y aportar soluciones creativas. El que ama comprende globalmente y aporta soluciones integrales. Lo que salvará a nuestra especie y a la vida en la Tierra serán las plasmaciones culturales, que entrelacen las almas de los hombres, actividad “sublime” de unión mediante el Eros, que es la síntesis del amor supremo. 

                           No hay supervivencia de la especie sin supervivencia del planeta.

Continúa en el artículo "Lo Siniestro Transgeneracional" , Unheimlich, "La sombra familiar".

Detalles psicoanalíticos en Nuevo Esquema de Psicoanálisis 2025, y en el libro "La Utopía de Freud".

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